Sin las alas del aprendizaje, uno permanece prisionero del suelo

Imagen: Patrick Hendry / Unsplash.com

El aprendizaje no formal hace referencia al que se organiza fuera de las instituciones formales, es intencional, se basa en la motivación del alumnado y no lleva a una certificación. Esta forma de aprendizaje nos resulta familiar a todos, pero últimamente está ganando impulso. Tomi Kiilakoski, de la Universidad de Tampere (Finlandia), explica la razón.

«Estoy aprendiendo a volar, pero no tengo alas», cantaba el cantautor estadounidense Tom Petty. Quizá tuviera en mente cosas más existenciales, pero hace tiempo que pienso que la canción habla del aprendizaje. El aprendizaje es un proceso que nos permite enfrentarnos a situaciones desconocidas. Al igual que volar, nos permite llegar a nuevos lugares.

El sentido común nos dice que el aprendizaje tiene lugar en múltiples situaciones. Muchos pensadores afirman que deberíamos deshacernos de la imagen del aprendizaje como una actividad controlada e institucionalizada. Esta concepción del aprendizaje omite el hecho de que fuera de la educación formal hemos aprendido mucho y lo seguiremos haciendo mientras existamos. Es por eso que podemos referirnos al aprendizaje como adquisición de contenidos o al proceso de aprendizaje como transmisión de éstos.

La importancia del aprendizaje no formal ha aumentado en las políticas europeas y nacionales, y por un buen motivo. Varias megatendencias actuales hacen que nuestro mundo sea más difícil de predecir. Entre ellas se encuentran la digitalización y la tecnología, que remodelan nuestro mundo a un ritmo cada vez mayor; la creciente importancia de las redes sociales como proveedores tanto de poesía como de propaganda, de conocimiento y de completa basura; o los requisitos cambiantes de los mercados de trabajo y los múltiples problemas nuevos como la pandemia de COVID-19 y la crisis medioambiental. Lo que todos estos fenómenos diferentes comparten es el hecho de que hacen que el mundo sea un poco más incierto. Para gestionarlos, debemos recurrir al aprendizaje continuo. El aprendizaje formal sigue siendo necesario, pero se debe combinar con el aprendizaje no formal.

Reconocer el aprendizaje no formal puede adoptar tres formas diferentes. En primer lugar, puede suponer que las metodologías del aprendizaje formal cambien. En lugar de ser descendentes y jerárquicas, se transforman de tal forma que se centran en el alumnado y en el diálogo. Algunos ejemplos son el aprendizaje basado en el trabajo, la educación basada en la aventura o la gamificación.

Otra forma de reconocimiento es la certificación y validación de los resultados del aprendizaje no formal, y esto ha sido objeto de debate y desarrollo. En este proceso, aumenta el estatus oficial del aprendizaje que se ha dado fuera de las instituciones formales y aumenta también el valor que tiene para la sociedad.

En tercer lugar, el aprendizaje no formal puede aumentar su importancia a través de una mayor cooperación profesional. En mi país, Finlandia, esto se ejemplifica con el trabajo juvenil en los centros educativos, que está aumentando a gran velocidad. El proceso de aprendizaje en el trabajo con jóvenes tiende a ser abierto: el énfasis se pone en el propio proceso, en comparación con los resultados del aprendizaje o los objetivos preestablecidos, y el impacto de las relaciones con los compañeros es importante. Esta combinación de aprendizaje formal y no formal es un modo de conseguir que los centros educativos sean entornos de aprendizaje más ricos que antes.

Pero, ¿por qué hay que preocuparse por el aprendizaje no formal? Porque si no lo aceptamos no conseguiremos respetar los conocimientos y competencias que poseen las distintas personas. Si no comprendemos el impacto de los diferentes entornos de aprendizaje, desperdiciamos recursos como sociedad. Si favorecemos el aprendizaje institucionalizado, construimos muros sociales entre los diferentes seres humanos.

En las sociedades modernas, tenemos que ser capaces de gestionar de forma constante nuevas situaciones. Si la pandemia nos ha enseñado algo, es esto. Necesitamos aprender, pero no siempre tenemos alas: puede que no tengamos motivación, recursos, valor, apoyo pedagógico, respeto o reconocimiento de lo que ya sabemos. Si reconocemos y entendemos mejor el aprendizaje no formal, quizá podamos garantizar que más personas sean capaces de volar.


Tomi Kiilakoski

El doctor Tomi Kiilakoski es uno de los principales investigadores de la Red de Investigación sobre la Juventud de Finlandia y profesor adjunto en la Universidad de Tampere. Entre sus áreas de especialización se encuentran el trabajo con jóvenes, la participación juvenil, la política educativa y la filosofía cultural. Participa de forma activa en la promoción de la participación y el desarrollo del trabajo con jóvenes y la política educativa.