Diferenciación: un antiguo concepto para una nueva aula

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La pedagogía diferenciada tiene sus raíces en el movimiento de la Nueva Educación en los años veinte, la que creía en el potencial de cada niño para aprender y en el desarrollo de los centros educativos para cada niño. Maria Sfyroera explica por qué en la actualidad es incluso más relevante.

El aula escolar siempre ha sido heterogénea, pero en la actualidad esa realidad está particularmente pronunciada por la migración y la formación de sociedades multiculturales. En cada aula, hay niños con diferentes prácticas culturales, experiencias, motivaciones e intereses… con diferentes ritmos, conocimientos, representaciones, estrategias, perfiles cognitivos y competencias. Por lo tanto, en la actualidad nos interesamos por las diferencias entre los niños, no solo desde la perspectiva de sus habilidades académicas, sino que nos interesamos por la persona individual como una «biografía», con todos los elementos de identidad que llevan.

En la actualidad sabemos que el niño construye conocimiento, pero esta construcción se apoya en su colaboración con otros. La pedagogía diferenciada, por lo tanto, se interesa en la persona individual sin ignorar la comunidad. Su principal inquietud es cómo tener en cuenta las diferencias entre estudiantes y entre sus familias, mientras que también se les orienta a compartir el significado y experiencias comunes. Es decir, cómo organizar actividades que ofrezcan a cada niño el espacio y el tiempo para crecer.

Este enfoque señala la diferencia entre «diferenciación» y «personalización». Al contrario que el aprendizaje personalizado, el aprendizaje diferenciado no implica buscar materiales y herramientas que ayuden al niño a trabajar de forma individual según su nivel. Y implica a grupos de estudiantes de diferentes niveles, lo que permite que los niños se desarrollen con la ayuda de un compañero más «competente» (mediante diferentes fases y la Zona de desarrollo próximo).

El hecho de considerar la diferenciación de los niños únicamente a través de la prisma del rendimiento académico nos ha llevado a buscar técnicas de diferenciación como la flexible distribución de los pupitres, actividades clasificadas, múltiples opciones de inteligencia, una variedad de apoyos y ritmos, simulaciones y textos de diferentes niveles de dificultad. Aunque muchas de estas técnicas son eficaces, no cubren la esencia de la pedagogía diferenciada. Y eso es porque son una respuesta superficial a la cuestión de la diferenciación.

La diferenciación no es un método o una técnica. Es una percepción abierta basada en la comprensión de las necesidades de lo estudiantes, en escucharlos, en el desarrollo de marcos y comunidades de aprendizaje abiertos y flexibles (especialmente realizable durante la edad preescolar). Todo esto da sentido a las actividades de los niños y da una razón para implicarse y participar en ellas. Esta perspectiva no quiere que el educador simplemente lleve a cabo las técnicas, sino que sea un profesional reflexivo que se levante de forma crítica frente a su acciones y que constantemente las rediseñe.


Maria Sfyroera es profesora adjunta en el departamento de Educación Preescolar, Universidad Nacional y Kapodistríaca de Atenas. Ha trabajado en el campo de la enseñanza y el aprendizaje, educación multicultural y formación del profesorado.

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